Como algunos sabrán (si es que han leído mi mini-biografía) estudio Ingeniería en Sistemas en ESCOM, una carrera en donde la programación es una piedra angular (más no lo es todo).
Me considero buen programador, incluso podría decir que la programación es una mis pasiones. Es el único aspecto en mi vida donde soy ordenado, metódico, autodidacta y donde puedo mantener una concentración tal que me abstraigo del mundo.
Pues bien, el hecho es que hace unos días entregué una de mis tareas. Se trataba de la implementación de un protocolo de red (ARP).
Dada mi tendencia a hacer programas más sencillos para su implementación, en mi tarea, me dedique a programar una pequeña API, con lo cual mi programa principal (la implementación) quedaba realmente sencilla y en muy pocas líneas y por otro lado mi biblioteca de funciones quedó bastante extensa.
El problema se presentó cuando mi maestro lo revisó. Empezó a decirme que mi código se veía “bien pirata” e insinuó que lo había descargado de Internet (algo casi imposible, dado el enfoque con el que lo solicitó).
Al principio me hizo reír y pensé que solo bromeaba, pero al final, cuando se iba, me dijo: “estudias tu código”, haciendo clara referencia a que lo estudiara porque no lo había hecho yo.
¡Chingao! eso me pasa por hacer las cosas bien. Eso como si los maestros esperaran la mediocridad como estándar y cuando algo sale de eso es motivo de sospecha.
Aún así el maestro me cae muy bien, porque muchas veces se contrapone a las reglas pendejas que a veces pone la escuela. Tal vez se debe a que somos del mismo pueblo, es decir, del tres veces heroico pueblo de Cuautepec.
Ilustración: Coder at work by ~dwerg85 on deviantART